miércoles 4 de junio de 2008

Vieja CTM

Venía de cancelar mi ya alicaído servicio de cablenet en el local central de cablemágico, cuando decidí cruzar para tomar micro al frente, total, era temprano y no tenía apuro (ni dinero) como para llegar rápido a casa (entiéndase taxi). El asunto es que junto a mí subieron 4 escolares, dos de ellos hermanitos, que, como yo, iban tambaléandose parados en las columnas de los ya atiborrados micros verdes conocidos como "La 1" que viajan hasta canta callao y que pasan por la esquina de mi casa en Lima 33. A medio camino (y mientras yo pensaba en mi viejito y el resultado de sus tomografías) el asiento que estaba delante mío se desocupó y decidí cedércelos al piojito de unos 5 años que tenía delante mío que iría sobre las faldas de su hermanita de aprox 9, que intentaba no caerse mientras que con una mano sostenía las rocas que ambos llaman mochilas, y con la otra intentaba sujetarse del respaldar de un asiento. Al rato, sube una señora de aproximadamente 35-40 años de edad, toda fresh ella. No, no era pituca (porque hasta las que tienen ínfulas de pitucas se suben a micros)(claro, oliendo a imitación barata de givonshi aka givenchi)(Pronunciación francesa "pé"). Era una tía plebeya, como la autora de este blog, que aprovecho que pasaba este carro y lo tomó (porque es del tipo de micros que pasa cuando san pedro baja el dedo, y, por consecuencia, siempre está lleno.). Al pasar la sra cobradora con los boletos, la tía empezó a quejarse diciendo que ella merecía ir sentada porque pagaba un sol y esos niños cada uno 0.40. Eso me molestó. O sea, ¿qué diablos se habrá creído la tía esa para criticar que esos niños paguen cuarenta céntimos de pasaje - normados por ley? ¿El que ella pague algunos céntimos más le da derecho a quitarles el asiento a punta de carajazos y gritos únicamente porque ella es señora? (claro, si fueran sus hijos si pensaría la desgraciada esa en que pobrecitos cargan peso y son escolares, muchos micros casi ni los quieren llevar)...

Meh, al final, viejas como esa siempre se encuentran. Exijan sus derechos (potenciales escolares que jamás leerán mi blog). Y ahora que hablamos de pasajes ¿Han notado que el medio pasaje siempre es la mitad del pasaje directo? ¿O sea sólo se benefician los universitarios o estudiantes de institutos que van de polo a polo? Al final, yo creo que los medios pasajes deberían ser por distancias, así como los pasajes normales...al final, la china nunca muere, y yo sigo en mi ley :D

domingo 1 de junio de 2008

Viejito

Quiero que me perdones por quebrarme. Ahora que has salido de Lima por unos días, soy un cúmulo de emociones muy fuertes, que salen todas alborotadas y que no puedo controlarlas. Es que intento regalarte la mejor de mis sonrisas y hago que creas que tus esfuerzos por demostrarnos a tus hijos que estás bien no sean en vano. Sé cual es tu verdadero estado. Sé que tú tienes más miedo que todos nosotros. Sé que los problemas en casa, especialmente con mi hermano, te afectan enormemente. Sé, además, que no tenemos un árbol de dinero ni somos los dueños de la maquinita que fabrica billetes en el BCR, y que por eso estás muy preocupado, debido al alto costo que nos implica que te detecten qué es lo que te está matando. También te asustan las irresponsabilidades de mi hermano y la fuerte depresión por la que pasa mi mamá debido a la doble pérdida que ella ha sufrido, sumada a tu estado actual. Ella te cuida mucho, y es porque te ama, y eso te angustia, porque también la ves consumirse. Y sabes que estoy con ella y que soy (o al menos intento ser) su pilar más fuerte, ya que ella es fuerte por ti, porque tú estás cansadito.

Sabes papá? quiero despertar de esta pesadilla. Quiero ser más fuerte. Quiero regalarte más sonrisas y quiero aceptar la voluntad de Dios. Ya no quiero que sufras. Perdona a mi hermano por ser un perfecto idiota. Él está tan dolido como yo y ese dolor lo lleva a ser así. Perdóname todo lo malo que he podido hacer con mi vida, con tu vida, con nuestras vidas. En el fondo sabes que mala persona no soy. Yo ya te he perdonado todo. Yo te amo mucho viejito, pero así, con todititas mis fuerzas. Y aunque no sepas que los demás aspectos de mi vida están hasta el carajo, ya nada importa. Sólo quiero que estés bien. Quiero que dejes de sufrir. Yo te prometo ser más fuerte, y aunque hoy sienta que me estoy yendo a la mierda, mañana te prometo que te voy a dar la mejor de mis sonrisas porque tú, mi mamá y yo nos lo merecemos. Déjame estar allí para ti

jueves 29 de mayo de 2008

Untitled

Nuestra relación nunca fue la mejor (y eso que contigo era con quien más congeniaba). Discutimos, me golpeaste, me desmoronaste emocionalmente, te decepcioné, nos rechazamos, nos amamos, y experimentamos una serie de sentimientos bastantes fuertes, imagino que propios de una relación anormal como la que llevamos (y que en teoría debería ser sobrellevable). Lo cierto es que pasó el tiempo y la vida nos vuelve a juntar después de 9 años bajo el mismo techo, pero las circunstancias son distintas: tengo miedo de llegar a casa y que me digan que ya no estás, que te fuiste, que no volverás. Se me han quitado las ganas de todo, y sí, la verdad es que me muero de miedo, tengo mucho miedo de no poder ver tu rostro nuevamente papá...

Por favor, te lo pido por favor, no dejes de luchar, no te vayas de mi lado.

Te amo

viernes 16 de mayo de 2008

8760

Aquella mañana, Elena empezó a sentir las contracciones propias del parto. Ella, a sus 22 años, estaba algo asustada, pero, cual macha (porque las Elenas también son machas) asumió lo que significaba concebir una vida tan lejos de casa, en un lugar absolutamente extraño para ella, en las circunstancias menos óptimas. Su suegra, con quien se dice siempre tuvo una buena relación, le dijo: "Ok, haremos las cosas a mi manera", y enseguida la mandó a hacer el aseo general de la casa. Elena no comprendía lo que pasaba, pero optó por aquello que reza "el diablo sabe más por viejo..." y enseguida estuvo fregando y refregando pisos, limpiando cuartos, tendiendo camas, descansando muy brevemente, observada por su suegra que algún tipo de sabiduría debía esconder en ese proceder. A la hora del almuerzo le sirvieron un buen caldo de cabeza de cordero y la obligaron a morderse un ajicito verde, pequeñito, de esos que sólo crecen por esos lares, causando un incendio en el interior de su boca que murió en su paladar. "Con eso será suficiente. Ahora descansa. Cuando sientas contracciones me avisas y seguimos".

Elena estaba bastante confundida. A duras penas podía moverse. Vio su reloj. 3:45 de la tarde. Quería dormir. Quería caer en un sueño profundo, quería olvidarse que él estaba lejos de su lado, ganándose algunos centavos para poder darle a esa criatura la calidad de vida que tanto anhelaban...tenía temor, ninguna de esas personas era de su familia, lo sabía...necesitaba a su mamá. Quería ir a sus brazos y correr hacia ella con temor, para abrazarla y compartirle la dicha plena y el gran temor que le causaban el engrendar una vida nueva. No se dio cuenta del momento en el que se quedó profundamente dormida, pero un dolor intenso y agudo en su zona pélvica la hizo reaccionar con un potente alarido que asustó a todos en casa. 7:56 pm. El momento había llegado. Su suegra ingresó con un bolsón en el que metió cosas random: abrigos, alcohol, perfume, ropita de bebé, algodón, linterna (aún nadie termina de entender el por qué de la linterna), su estampita de la Virgen de las Mercedes y unos zapatos. La sentó y la abrigó. La tomó fuertemente de las manos y le dijo
"Tienes que confiar en mí. Tu momento ya casi está cerca. Iremos caminando a casa de doña Bety y ella te dirá que más tienes que hacer". No temas que no hace mucho frío y la distancia es corta. Caminaremos despacio y usarás estas pantuflas, será mejor para ti.

Y fue así que se tardaron media hora en recorrer 150 metros. Elena casi no podía ni caminar. Pero no gritaba, ni siquiera se quejaba. Ella supo perfectamente lo que hacía el día que se unió a ese hombre y asumía las consecuencias. Ahora él no podía estar a su lado porque debía trabajar y ella se encontraba en casa de su suegra, donde sabía que no la querían, poniendo su vida y la de su bebe en manos de aquella mujer con tal extraño proceder. Bety las recibió tranquila, a sabiendas de que vendrían. "Las esperaba pasado mañana" dijo "al parecer esta criatura ya quiere nacer". La sentó y la examinó. "Ya casi viene, es mejor apurarnos" exclamó. Elena empezó a asustarse. Sabía que donde estaba no había más que una posta médica donde la atención era escasa debido a la huelga. Tenía frío, tenía pánico, estaba confundida. La recostaron y le volvieron a dar el ají (y fue allí donde aprendió a comerlo). La acomodaron y el resto es historia. Ella pujó y pujó. No lloraba. No hubo epidural. Todo fue natural. Ella era macha y se autoconvenció de eso ese día, y luego de media hora una niña de 3.500 kg vino al mundo en forma de higo, porque era morenita, tenía cabello oscurito, con unos cachetitos totalmente masticables que son, hasta el día de hoy, parte de su estigma. Era un jueves, llovía, y la hora de nacimiento: nueve y cuarenta y cinco de la noche. Y de eso mañana serán 8760 días.
Vieja, a pesar de que seas una patada entre las piernas la mayor parte del tiempo, gracias mil por permitirme existir. Te amo

martes 13 de mayo de 2008

We're in the Juggernaut

Empezaste pasándome algunos videos de música. Bueno, seamos sinceros, se los pasaste a medio mundo. Pero decidí verlos porque la buena música siempre se aprecia. Y así fue que me enamoré de Björk y de A Perfect Circle. No recuerdo si fue de tarde, o de noche. Sólo recuerdo que decidimos personalizar nuestras conversaciones, formando un mundito en el que jamás pensamos que nos veríamos envueltos. Me mostraste tu polito verde de Evolución y el de "The Ramones". Charlamos sobre San Miguel, Surco, la gente, los amigos, la familia, los anticuchos, el sushi (aún no entiendo cómo puedes comerlo), sobre la comida mexicana, colombiana, panameña, las borracheras con punto G y triple X. Te conté sobre el gran complejo que tengo con mi peso, sobre mis cachetes, y aprovechaste la ocasión para hacer referencia a mis dedos chiquitos, todos iguales, que según tú son como un filamento de olluquitos (le informo señor que estos olluquitos me son muy útiles). Jugamos tetris (y claro, como siempre olvidé decirte que para esto de los juegos soy pésima) y me sacaste la mugre, luego de renegar porque mi computadora se demoró casi hora y media en actualizar Java y en instalar los componentes necesarios. Luego te bajaste Gb y te creaste una cuenta para jugar conmigo. Y me decías que eras pésimo (claro, y así me ganas en todas las partidas que jugamos, con aciertos míos sui generis que se celebran debido a su inusual presencia). Te burlas de mis peruanismos "pe". Me tomas de punto y me haces reir demasiado con tus sarcasmos. En realidad creo que ni tú ni yo sabemos cómo. Sólo sucedió. De repente nuestras pláticas se tornaron extensas, diarias, interminables, infinitas, deliciosas, divertidas, jocosas. Me enamoré de tus sonrisas, de tus ojos y de tu ya popular boca de pato, que sabes que me encanta. Y me di cuenta que, cuando me miras, me desarmas, me intimidas, permites que toque el cielo con las manos. Y lo más impresionante de todo es que ni te esforzaste. Simplemente sucedió. Y soy consciente del efecto que causas, soy consecuente con las limitaciones y las circunstancias. Si somos honestos no son las más óptimas, pero simplemente sucedieron. Como dices tú, shit happens, so, nos pasó, nos tocó y aquí estamos, vírgenes en estas artes extrañas y llenas de misterio para ambos, creciendo juntos y recordándonos mutuamente lo geniales que somos y que siempre tenemos motivos para sonreir. Me cuidas (y no tienes idea cuánto me fascina eso), te preocupas, te importo y no tienes reparos en demostrarlo. Me envuelves en tu dulzura, me seduces, me impactas, me tomas, me aprisionas y yo te lo permito, porque sé que contigo estoy protegida, porque sé que he cambiado tu mundo, porque tu has innovado el mío y porque juntos somos una fuerza irrefrenable que siempre avanza y destruye todo lo malo que se interpone en nuestro camino.

Llenaste de colores mi corazoncito gris y dibujaste en él un paisaje hermoso donde los protagonistas son mis cachetes y tu boca de pato. Te quiero mucho corazón. No existe palabra que pueda definir eso.

Y aunque sé que Filio no es de tu agrado, la letra es lo mejor...

domingo 4 de mayo de 2008

After some days

No tengo mucho que comentar salvo ciertos grados de alcohol, desorden y ningún tipo de aceptación. Finalmenete nada importa. Sólo mis ansias de poder seguir

jueves 1 de mayo de 2008

Ahora que te has ido

Conversaba con mi mamá sobre las implicancias de perder a un ser querido. Recalcábamos cuan difícil es aceptar el que no podremos oír nuevamente tu voz, escuchar tus risas, tocar tus manos, oler tu aroma casi intacto y personal, ver tus ojos, respirar tu aliento...Realmente resulta abrumador. Y no es que la nuestra haya sido una relación perfecta. Valgan verdades, pasamos por una crisis muy dura tú y yo ¿Recuerdas? La primera vez que viniste a visitarme a Lima casi me vuelves loca con tus ideas evangelistas, tus preceptos y conceptos de moral tan fuera de mis lineamientos. En verdad, esa fue la primera y única brecha que marcamos entre nosotros. Cuando la tía Betty estuvo de visita, me contó que fui yo quien hizo que cambies de parecer respecto a mis padres. Yo, al conocerte, al saber de ti, fui directamente a tus brazos y, a mis dos años, me prendí de ti, para no separarme nunca más. Me enamoré de tu rostro, de tus manos y de tus besos. Tú, amaste enseguida mis cachetes de ardilla, mi cabello negro en forma de casco y mis dedos de olluquito. Llevamos una relación estrecha. Los fines de semana se traducían en 48 horas de felicidad plena a tu lado. En tu casa di mi primer beso (fallido intento de jugar a la botella borracha en el único matrimonio que celebramos contigo); en tu casa tuve mi primera decepción; tu casa fue mi refugio, me escondió de todos los traumas y maltratos de los que se veía colmada mi ya estrepitosa niñez; en tu casa se cayó mi primer diente; en tu casa aprendí a amar, valorar y respetar a Dios; en tu casa veía Trampolín a la Fama y la parada militar del 29 de julio; en tu casa fue mi primera despulgada (dicho nacido de mi madre acotando la primera vez que me contagiaron piojos y la jocosa escena que se armó cuando me echaron KEROSENE - idea tuya - para que así se me vaya la peste); en tu casa aprendí a comer esos plátanos verdes tan ricos que me sancochabas; en tu casa pasé miles de apagones causados por el terrorismo que se creía eliminado pero que se sabía aún existía; en tu casa celebré miles de navidades; en tu casa me acomodé para dormir las más ricas siestas en el piso de tu sala; en tu casa me mordió por primera vez un perro (Sultán ¿recuerdas?); en tu casa emprendí la travesía sobre el bosque de aventuras que no era más que un rosedal que cuidaba una de tus hijas; en tu casa tuve mis primeras experiencias de carnaval; en tu casa aprendí a criar pollos; en tu casa aprendí a leer la biblia; en tu casa me enamoré de tu tez canela; en tu casa pasé muchos años nuevos y el día de los enamorados mientras mis viejos disfrutaban de su vida social (como Dios manda, claro); en tu casa terminé de ser niña y me convertí en mujer; en tu casa siempre encontré tu mano amiga para cualquier desesperanza; en tu casa siempre tuve calor de hogar; en tu casa se guardan mis mejores recuerdos de vida; despedirme de tu casa hace 9 años fue difícil porque tú te quedabas en ella y te quedabas con una gran parte de mi vida en ella. Cada que regresaba a tu casa me sentía en un mundo alterno, distinto al que ahora tengo, donde era capaz de encontrar una paz tan deliciosa y desbordante que, cuando debía volver a mi realidad, el corazón se me desgarraba incesantemente para terminar gangrenado y sin ninguna esperanza. Y ahora ya no estás en tu casa, ahora ya no estás en el hospital. Hoy has muerto sin poder decir una sola palabra. Te mató esa angustiosa enfermedad a través de un paro al corazón. Y ahora yo no puedo estar contigo como quisiera, por el maldito feriado y la falta de cupo propia de estas fechas. Todos allá te lloran, te miran, te oran, te aclaman. Mi hermano y yo estamos en casa, silentes y sollozantes, desesperados por no poder estar a tu lado, con la angustia de no llorarte mientras nos cogemos de las manos. Y en algún momento volveré a tu casa. Me pasearé por sus espacios, iré hacia tu cuarto. Y veré tu ropa, tus objetos, esa radio que tanto te gustaba, las fotos que guardabas. Pero no encontraré tu voz, ni tu risa, ni tus quejas, ni tus bromas, ni tus historias, ni nada que pueda relacionarlo contigo. Y te extrañaré y te añoraré más que hoy, más que mañana, más que nunca. Pero tú ya descansas. Y sabes que te extraño y que me haces falta. Y ¿sabes? Fue genial conocerte. Porque tuviste muchos errores en vida, pero supiste enmendarlos conmigo. No fuiste mi padre, no fuiste mi madre, fuiste alguien tan pero tan especial que creo para mí un mundo al que siempre podré acudir cada que tenga miedo, cada que me sienta sola, cada que no sepa que hacer.

Hoy no creo que duerma. Estoy que pienso mucho en ti. Mamá está que llora, mi papá te vio morir. Mi hermano acaba de llegar y tiene el rostro desencajado. Pero nos diste el regalo más grande que un ser querido puede darnos y ése fue el inmenso amor que sentiste por nosotros. Y más que la consanguineidad, tú y yo desarrollamos un vínculo. Tenemos un nexo inquebrantable, que ni la muerte se ha podido llevar consigo. Al final, me he ganado mi propio ángel que estará desde el cielo cuidándome y riéndose, de la misma forma que lo hizo el día que me conoció, en 1986, cuando yo tenía dos años. Te lloro y te lloraré por mucho tiempo. Pero siempre te tendré en mi corazón y en mis pensamientos.

Quizás nunca te lo dije, pero sí te lo demostré

Te amo.

miércoles 30 de abril de 2008

Carta a Alexito

Ahora es cuando más que nunca yo te necesito
Ya se me murió

martes 29 de abril de 2008

Katilandia

El primer día de este mes, las katz iniciamos un proceso de reconstrucción que ha pasado por muchas etapas y donde el blog jugó el papel de catarsis personal, algunas veces sentimentaloide, otras lleno de ira, y últimamente con recuerdos sobre hechos que me sucedieron de forma jocosa. Y bueno, mal no me ha ido. De cierta forma desahogar cierta parte de mi contexto personal me ha servido mucho. Sin embargo, ahora me encuentro enfrentando una situación bastante bastante difícil. Un ser muy querido, miembro de mi familia, está en estado de coma, a punto de fallecer. Y ese hecho me ha quitado toda la alegría y tranquilidad que he venido desbordando. Las noches se convierten en llantos incesantes e incluso ya ni me llena leer blogs o conversar con la gente (no lo tomen personal, sólo que de verdad no me siento bien).

Tengo mucho más que contarles, tanto que compartir, tanto que decir...quiero que todos ustedes se rían o me escriban que debo conseguir una vida, porque de verdad lo creo, necesito una vida. Sólo que en este preciso momento estoy sumergida en un mundo de mucha tristeza que manejo silente, porque la vida continua y porque el tiempo no se detendrá sólo por mí. Las katz somos machas, lo he dicho infinidades de veces. No obstante, la situación actual nos obliga a tomarnos un descanso. El dolor es muy fuerte señores. Y ya sé, sé lo que se dice en estos casos. No es necesario que lo repitan porque yo lo hago. El que esté triste no me quita el realismo de las cosas. Sólo les pido que me hagan reir con las cosas que me cuentan cuando hablan conmigo, cuando escriben en sus blogs, cuando me mandan correos, cuando me llaman por teléfono. Ahora lo necesito mucho. Quizás no sea el mejor ejemplo de fortaleza en este instante, sólo que, de repente, necesito algún tiempo para adaptarme a que jamás volveré a escuchar esa risa, ver esos ojos, tocar esas manos, recibir esos abrazos que, desde niña, me dieron calor de hogar.

Mil gracias a todos los que se soplaron mi blog casi en su totalidad. Gracias también a aquellos que llegaron por casualidad aquí y que, sin querer, se leyeron toda mi existencia aburrida y abrumadora. Gracias a todos. En verdad aprecio que se tomen la molestia de darse un tiempecito para leerme. Por ello he creado Katilandia, un lugar donde yo soy lo máximo, donde me siento siempre bien, donde todos me quieren, donde nadie se siente mal conmigo, donde puedo corregir los errores que cometo, donde no tengo que buscar a las personas, donde las personas quieren estar a mi lado, donde nadie tiene miedo de quererme, donde nadie me dora la píldora, donde lo único iluso es mi propia existencia. Así que, momentáneamente, mientras recupero las pocas fuerzas que me quedan, cambio y fuera.

viernes 25 de abril de 2008

Viernes 25

Picazones

¿No les ha pasado que justo en el momento menos adecuado, en el lugar menos indicado, con la(s) persona(s) menos adecuada(s) les ha picado una parte del cuerpo que les ha sido difícil de rascar? O sea, me refiero al tipo de picazón que no puedes soportar, que se vuelve un sufrimiento incesante, del tipo que te dan ganas de coger un trinche y simplemente rascarte, causándote un placer tan delicioso, sólo comparable con el mero y simple hecho de miccionar cuando te has aguantado un buen rato (o lo mismo para defecar) (hell yeah, mis eufemismos rlz). Bueno, eso fue lo que me sucedió hace algún tiempo en una conferencia sobre traductores a la que asistí, en un lujoso hotel de san isidro.

Para ponerlo en contexto estimado amigo blogolector, el círculo de los traductores en el Perú se ha ampliado grandemente en estos últimos años, debido a que tanto las universidades como los institutos ya están formando más profesionales en esta área. Sin embargo, no deja de ser una carrera joven, dominada por los traductores senior, que son quienes muestran más interés por actualizarse y quiénes buscan estar siempre al día en todo lo referido a la carrera, sin necesidad de que un curso o una escuela profesional los obligue (salvo honrosas excepciones). Es así que vienen al país renombrados traductores de distintas áreas a dar ponencias sobre estrategias, técnicas, estilos, etc, etc, etc referidas a mi carrera profesional. Y yo me encontraba en una de esas ponencias rodeada de tías de todas las edades, tamaños y formas, cada una más pituca que la otra, oliendo a esos perfumes dulcetes que se te quedan en la nariz por décadas, tomando notas de los importantes alcances que estábamos recibiendo.

Y es así que, de repente, empecé a sentir picazón en la punta del pezón de mi seno izquierdo. Efectivamente. Al parecer el sostén de encaje que estaba usando me causaba alergia. Chequeé el panorama. El salón estaba lleno. Las dos únicas entradas disponibles se encontraban paralelas al podio del ponente. Atrás habían dos salidas de emergencia cerradas con llave (claro, defensa civil aprueba que en caso de emergencia esas salidas tengan candado -_-), me encontraba sentada al medio de una hilera de 10 asientos repletos de señores, cosa curiosa en el mundo de la traducción peruana, porque la mayoría somos mujeres. La picazón aumentaba, yo ya no sabía qué hacer. Empecé a desesperarme. Centré mi atención en cosas que me distraigan como mi familia, mi enamorado de aquel entonces (Sí, G, el mismo), también traductor, que brillaba por su ausencia, pensaba en el zancudo contorsionista africano, pensé incluso en mi último orgasmo, pero nada, el tiempo corría, yo sudaba, la picazón de miércoles me mataba...pasaron minutos...el tiempo se estiraba....hasta que alguien dijo "es tiempo del coffee break", y en ese momento mi rostro se llenó de pavor.

Así como en el cine, los conciertos, y cuánto lugar exista con masas en el mismo, el baño de mujeres es, siempre, el que más se llena. So, si tomamos en cuenta que en el lugar el 90% eran mujeres (y encima tías), pues debía correr para salir de la desesperación antes de que ellas estacionen sus voluminosos cuerpos y exijan su derecho de "privilegio" por ser tías (y no me van a negar que las mujeres mayores - no todas claro - son las más jodidas, siempre quieren ser atendidas primero en todo como si realmente fueran ancianitas o inválidas, escudándose en la "educación"). Entonces salí disparada de mi asiento, cogiendo mi cartera (plata, documentos y celular, siempre importantes), dejando mis separatas a un lado, empujé a quienes encontré a mi paso, chicas, chicos, señoras, nada me importó. El baño de la sala de conferencias estaba siendo limpiado, así que ni esperé el ascensor. Bajé por las escaleras prácticamente volando hasta llegar al siguiente piso con el siguiente baño. Nada. Otro que estaba en limpieza. Volví a bajar, así hasta llegar del piso 11 al piso 3. No me importaba. Entré al fin al baño. Me metí a uno (claro pes cerré la puerta donde está la taza del inodoro - a.k.a. water). Me quité el abrigo, me saqué la blusa, me saqué el sostén y fui feliz...porque al fin, pude rascarme la teta como Dios manda. He dicho.